Haces algo que no deberías hacer, lo sabes pero aún así, lo haces.
En ese momento no te paras a pensar en el error que estás cometiendo, pero tranquila, el error está ahí, y los errores se pagan, y a veces muy caros.
Es lo que hay, grandes errores, grandes castigos, grandes perdidas. Pero todo tiene su punto, final o seguido y eso si que has de escogerlo tu misma. Si te decides por el final puedes perder mucho, si te decides por el seguido, puede doler más.
El dolor se supone que nos hace más fuertes, yo estoy bastante harta de fortalecerme, pero mira, aquí seguimos, sin callos en las manos pero con la espalda más dura del mundo, con lágrimas que salen solas porque tu lagrimal no sabe controlarse, y sabiendo, porque sí, lo sabías, que esto es lo que tenía que pasar.
Hay que asumir lo que se hace, cargar con sus consecuencias, aceptar la derrota en una guerra que no querías ganar, pero en la que te gustaba participar, y terminar, como siempre aunque no quieras, llorando sin darte cuenta.
Sabías lo que querías, bueno, querías demasiado, y no se puede tener todo, y lo has tenido. Pero esas cosas no duran, se te escurren entre las manos, y a tí se te ha escurrido todo. Ya has decidido quitar algunas cosas, otras se te caen y otras terminarán yendose solas aunque esa marcha duela menos que las que se te han caído.
Bueno, da igual, no me apetece más, no tengo ganas de escribir, ni de llorar, ni de sentir.
martes, 8 de junio de 2010
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