No soy variable, simplemente intento que lo que me afecta no duela tanto.
Me he acostumbrado al silencio personal, a no contar los secretos de nadie, ni tan siquiera sé contar los míos. He hecho real la frase de que ni siquiera me los cuento a mí.
No paso de la tristeza a la dicha ni viceversa, si estoy triste sigo estándolo, solo maquillo mis lágrimas para que no afecten a nadie, ya es suficiente con lo que provocan en mí.
También es cierto que a veces con poco uno logra soltarlo todo y descargar al menos una parte de lo que te asusta.
Esta vez fueron dos damas, gracias a ambas, gracias por hacerme reír y por conseguir aliviarme sin que nada saliera de mis labios.
Como ya he le he comentado al susodicho a mí los chistes no me inspiran demasiado, pero la música consigue liberarme.
Quizá debería acompañar cada entrada con una canción, como ya me he cansado de decir, mi vida tiene banda sonora, posiblemente esta no es la canción de hoy, pero sí es una que me hizo tener ganas de volver a sonreír el otro día.
¿Quién no quiere bailar?

No hay comentarios:
Publicar un comentario