martes, 8 de junio de 2010

Compartir palabras

Hace unos días, en una de estas tardes de las que no esperas nada, me encontré escuchando algo que no esperaba oír, y mucho menos un lunes y a la sombra de un hotel de cuatro estrellas con un gin-tónic en la mano a las 6 de la tarde.

Se comienza hablando del trabajo y de las obligaciones, pasamos a las amistades y a criticar conjuntamente (sin ninguna malicia por parte de ninguna de las dos), y sí, se critica, y normalmente es por necesidad, necesitamos a esas personas y por una u otra circunstancia no están, con lo que duele menos decirlo, si lo haces satíricamente.

Llegas a ti misma, le cuentas lo que no sabe, te cuenta lo que no sabes tú, volvéis a cosas que ya sabéis pero hurgáis más en la herida, que maravillosa es la amistad, que te permite romper la intimidad en cachitos, o agrietarla para que alguien entre.

Yo me acepto como soy, eso no quiere decir que me guste, sí, pasaría por 10 quirófanos para cambiarme, no en esencia, eso jamás, si en tamaño, o en tersura. Cuando hablas de esto con alguien que te quiere, te dice que no hace falta, y cuando ya no puede convencerte que no es así, te provoca unas risas, me sugirió partirme en dos. Que bello cumplido, ya que no es solo que mi cuerpo valga por dos, ella con su mirada brillante por el calor y el alcohol cree que tengo mucho que ofrecer, que mi corazón vale por dos.

Del corazón al amor, del amor a la estupidez, que paso más corto por cierto, y terminas preguntándote si se puede querer a dos personas a la vez.

Yo sé que sí, me ha costando entenderlo pero lo sé, el problema por norma es que no todas las partes pueden aceptarlo.

Y pasan los minutos, y las horas, y empiezan a esperarnos y se escapan las cosas de la boca…

-Cada día me niego más a aceptar lo evidente, me pierdo entre los recuerdos de unas escasas horas, recuerdo caminar a su lado y levantar la mirada para encontrarme con la suya, esa cara siempre seria, esa sonrisa que no sale.

-Solo unos besos de los que casi se dan al aire, unas caricias que no llegaron a eso, y si lo fueron, fueron robadas.

-Tiempo que pasaba y pedía más tiempo, incluso impotencia por lo que no pudo ser.

… y todo lo que queda por decir.

Gracias por darme lo tuyo, y permitirme hacerlo mío.

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