martes, 8 de junio de 2010

Roces

No estoy dormida, aunque lo finjo, me gusta sentir como me mira, ha entrado sigilosamente, ha conseguido sentarse a mi lado, en esta cama enorme en la que no hay sitio, siempre duermo atravesada, pobre del que comparta mis sueños.

Me roza el talón, me cuesta no moverme, noto ese cosquilleo subir por mis piernas, como su mano, que empieza a recorrerla, el tobillo, la pantorrilla…

Ya no son solo las yemas de sus dedos, su mano se abre al llegar a mi muslo, lo recorre tan despacio que casi duele, el ansia duele…

Con su mano en mi cadera noto como se recuesta a mi lado, está cerca, tan cerca que casi se apoya en mí. Su respiración en mi cuello, cada vez es más difícil mantener la compostura, me toca la cintura, suavemente, toda, de un extremo a otro, subiendo hacia mis pechos.

Sabe que estoy despierta, me besa el hombro y el cuello pidiendome que no diga nada, su mano acaricia mis pechos, su lengua mi nuca y pese a que no quiero mediar palabra los suspiros se escapan de mi boca.

No deja de tocarme, sus manos recorren casi todo mi cuerpo, sus labios recorren mi espalda

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