Ya no me acuerdo de como se hace, he perdido la costumbre.
Me recuerda a esa típica lección del embudo, si lo echas poco a poco pasa, pero si lo tiras de golpe se acumula en la salida y se queda ahí, atrancado.
El tiempo, la falta de ganas, el sueño que llega o no, hasta la informática se han puesto en contra de ello, dejé de escribir, y ahora no sé como volver.
Lo intento, en serio, pero no sé.
Tengo tantas ganas de escribir, de liberar, de vaciarme un poco. Sobretodo porque esta sobrecarga no es buena, me conozco y sé que un día acabaré llorando seis horas seguidas y aún así, no me sentiré libre.
No es solo por eso, no. El recipiente es grande, mucho, demasiado, ya lo sé, pero aún así, llegará el momento de que no quepa nada más, es difícil que explote, conozco su dureza. Pero eso no es lo peor, lo peor es que no podrá entrar nada más.
Tenemos que seguir intentándolo...
Parece que no, pero ya noto un huequecito por ahí dentro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario