La primera vez que la vi estaba dormida. Es algo que nunca podré olvidar.
Acababa de llegar a la casa, yo no quería estar allí, era extraño, pero después de tanto tiempo esperando un fin de semana de relax, llegado el momento, no estaba convencido que perderme en la montaña solo un par de días fuera la solución a los principios de ulcera que me acosaban.
Obligándome a ello, cogí el coche y me perdí durante tres horas hasta llegar a un caserón que estaba a solo a 80 kilómetros de mi casa.
La señora que me recibió sonreía tanto que llegó a asustarme, en apenas 3 minutos me contó como siete generaciones de su familia habían cuidado esas tierras, así como hasta donde llegaban sus lindes, cuantas cabezas de ganado criaban y los diferentes cultivos que allí tenían, por si era poca información, mientras decidía que habitación era más adecuada para mí, me enseñó todas las fotos familiares que colgaban en su salón.
Finalmente me envió al desván, tendría que compartir el baño, pero la habitación tenía chimenea, y el ocupante de la otra habitación de la última planta también estaba solo, con lo que no me daría demasiado ruido.
Se prestó a ayudarme, pero al ver que eran tres pisos a subir le dije que me apañaba solo, siendo sincero, realmente quería que se callara de una vez.
Con mi diminuta maleta subí escaleras arriba, solo había tres puertas allí, la 1 la 2 y una que tenía un ridículo azulejo de cerámica con una bañera pintada en rosa.
Entré en mi cuarto, era realmente bonito, tenía un enorme ventanal con una especie de mecedora a su lado, aunque lo mejor no era eso, ni la pequeña chimenea, lo mejor era la claraboya del tejado, estaba justo encima de la cama, y tenía una especie de persiana que apenas dejaba entrar la luz. Recordando mi niñez trepe encima de la cama y conteniendo unas terribles ganas de ponerme a saltar como un loco, abrí aquella cosa y el sol me dio en toda la cara.
Baje de allí de un salto, me arranque la ropa de humano que estoy obligado a llevar y me puse el bañador, sinceramente me quedaba fatal, creo que tiene más de 6 años, pero ninguna vaca se quejará, supuse.
Cuando salía de la habitación tropecé con una caja que había en el pasillo, chocando contra la puerta dos, entreabriéndola, dándome un cabezazo que más tarde supondría un chichón, pero dejándome ver lo que con mi suerte provocaría mi peor dolor de cabeza.

No hay comentarios:
Publicar un comentario