Has jugado durante días, semanas, meses al escondite, pero ya sabes que te han pillado, ya saben donde estás, oyes los pasos acercándose hacia tu sitio y entonces no tienes claro que hacer. Puede haber muchas opciones, pero por tu mente ahora solo pasan dos.
Intentar huir, aunque te vean tienes alguna posibilidad de salir ilesa, o quedarte y dejar que te pillen.
El que te atrapen puede ser divertido, las risas, el juego que deja de ser absurdo hasta convertirse en una batalla en la que te has convertido en prisionera voluntariamente. Luego puedes irte como si nada, esperando un nuevo juego en el que venzas tú, porque lo que es ganar, habéis ganado los dos.
¿Pero puedes hacerlo?
Yo sé que no, la duda que germinó sola empieza a florecer, y sabes que si juegas las estás regando, ya no gota a gota, la abonas y enriqueces con cada partida, y si te dejas pillar crecerá hasta tal punto que puede que no puedas ver detrás de lo que ha nacido.
Los dos contrincantes no juegan en la misma situación, uno simplemente juega, el otro no se acaba de saber las reglas, uno aumentará su palmarés, y el otro no sabe si el juego le dejará heridas, uno tiene muchas partidas a cuestas, incluso conoce muchas técnicas, el otro nunca jugó antes.
Ante tal desigualdad es mejor no seguir jugando.
Corre ahora que se acerca, no sea que se te haga demasiado tarde.

No hay comentarios:
Publicar un comentario