martes, 8 de junio de 2010

Octubre

El mes se acaba, el Otoño ha empezado...

El sol sigue aquí, dicen que se ha quedado más de lo habitual, ahora no molesta, es casi agradable, aunque mi corazón sigue prefiriendo la lluvia, y también me la ha traído este mes.

Me encanta cuando se siente frío a primera hora de la tarde. Sí, no me gusta abrigarme en ese momento, me gusta como se eriza mi piel, me encanta tener esa sensación de frío. Lo único aceptable para calmarlo son los abrazos.

Los abrazos en esos momentos son perfectos, no buscan ser carnales, pero sin querer consiguen que la piel se estremezca, consiguen convertirse en una sensación tras otra.

En Octubre los árboles se desnudan o se oscurecen, el cielo tiene un azul más especial, el sol lo ilumina pero no lo ciega, deja ver mejor su luz.

La noche llega antes, yo nací de noche, vivo de noche, ¿sueño de noche?

Este mes ha llegado como siempre, maravilloso con sus cambios, con su lluvia, con su noche.

He crecido, en cifras y en experiencias, he crecido como persona, no sé si para bien o para mal. Pero afortunadamente, Octubre, no ha pasado sin dejar huella.

Me encanta la playa en Octubre, las huellas se quedan y no las pisotea una masa de gente absurdamente obsesionada por tomar el sol. El mar huele a mar y no a la crema del de al lado.

Las olas cantan su canción y nada la rompe, no hay chíllidos, no hay más música que la generada por ellas al romper contra la arena, esa arena en la que sí puedes dejar tus huellas. Por lo menos hasta que suba la marea.

Los árboles, la playa, el cielo, la noche, yo...

Todo es diferente en Octubre.

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