A veces me salen solas, claro que depende de con quien hable, suelo pensar mucho a quien le digo cada cosa.
Teresa de Calcuta murió, y yo no quiero ser su heredera.
Una frase resume como me siento ahora.
Se dicen que pagan justos por pecadores, yo pago por justos, por pecadores, por vencedores y por vencidos.
Estoy cansada.
Cansada de que la mayoría de veces que te suena el teléfono sea para contarme algo que no necesito saber. O para pedir consuelo que ahora me cuesta dar.
Aún puedo ver los telediarios, sigo rompiendo a llorar con las escenas ñoñas de las películas, con la ternura de alguna escena, o con una muerte falsa que se intuía, quiero poder seguir disfrutando de ello.
Si no me retiro acabaré por no poder ver nada sin que me den taquicardias, o quizá, solo quizá podré ver cualquier cosa sin sentir nada. No quiero llegar a ello, quiero seguir sintiendo, pero no quiero que eso se convierta en mi enfermedad.
Bodas y divorcios, o situaciones similares que simplemente no han pasado por la vicaria, enamoramientos y desenamoramientos, locuras físicas, mentales, o sexuales, problemas con la familia, los amigos.
Yo intento pasar por la vida haciendo el mínimo ruido posible, puede que por mi carácter o por mi aspecto, o por la mezcla de ambas, no sea así. Pero ya que no puedo ocultarme por mi tamaño, siempre he ocultado lo que hay dentro.
Realmente no lo oculto, soy capaz de enfadarme con cualquiera y expresarlo, besar, tocar, reír hasta sentir dolor, se me ve en la cara. Pero si hay algo más es mío, no es que crea que a nadie le incumbe, es que sé que solo yo puedo solucionarlo. No sé, me acostumbré a volcarlo en palabras escritas más que en habladas.
Cuando cuentas algo a alguien has de calcular a cuantas personas lo contará. Sí, lo contará, igual solo a una, pero lo hará, si esa persona tiene pareja, ahí tienes la posibilidad más fácil, si no la tiene sigue buscando, alguien lo sabrá.
Sí, alguien habrá que no lo cuente nunca, yo me incluyo entre ellas, nadie es nadie, incluye a pareja familiares y amigos. Pero claro, yo no me lo puedo contar a mí.
Tengo 30 años, y no recuerdo haber pedido ayuda, no la reclamo, lo que he hecho ha sido porque me ha dado la gana. El problema es el cansancio. No los problemas de estómago por los nervios, no el no dormir pensando en los problemas de otros. No el que me salpiquen los problemas de los demás. No es la desilusión de ver que solo estás cuando hace falta. No, solo el cansancio.
Estoy cansada.
Necesito reírme sin preguntarme si ofende a alguien, rodearme de gente que busca eso mismo, reírse sin más, de gente que tenga problemas, pero problemas reales, no frustraciones o caprichos absurdos, venganzas estúpidas o incongruencias similares.
Necesito preocuparme solo por mí, dejar de pedir a quien me rodea que entienda a quien a mi misma me cuesta entender. Y pedir sacrificios ajenos a los que siempre están ahí. Esos pocos, muy pocos.
No quiero ni que suene el teléfono, ahora no me apetece ni consolar, ni ser consolada, no tengo consuelo, se me va a cuajar la sangre. Tengo que dejar que se me salga el frío que se me está colando dentro. Si no, no volveré a sangrar.
El cansancio me está helando.
¿Hace tanto frío?

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