El cine te muestra muchas cosas. Hoy lo pensé mientras volvía a casa tras una conversación en la que descartaron psicoanalizarme, (igual es que no tengo solución ninguna).
Ya estamos, ya me he vuelto a dispersar, volvemos a ello, sí, el cine te muestra cosas, o las inventa, pero se retienen de forma absurda en mi mente, y me alcanzan así por las buenas.
Las mariposas tienen lengua, yo lo recuerdo, había un niño con una cara de pena tremenda. Producen efectos, sí, efectos muy extraños en los que el marido de Demi Moore perdía la cabeza, recuerdo más mariposas, incluso una simpática larva que quería llegar a serlo.
Tras ver otras películas aprendí incluso a besar como ellas besan, más que un beso es una bella caricia.
Hoy vi su obra maestra, posiblemente ha salido en alguna película o documental, no lo dudo, pero verlo en persona es algo tan especial que se merece que me disperse sin sentido.
Casi tropieza con mi nariz, esa polilla engalanada, con su vestido negro y naranja parecía volar aturdida. No, no lo estaba, solo danzaba.
Ha bajado al suelo y allí ha acudido su acompañante, desde allí han subido rápidamente hacia el cielo, parecían disparados por un cañón invisible, dando giros la una sobre el otro.
Los he perdido de vista por culpa de la luz del sol. Estarán retozando en alguna nube.

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