Supongo que por eso no lo hago. Porque cuando empiezo no puedo parar.
Las palabras siempre me han poseído, desde niña. Aprendí a leer con poco más de 3 años, y desde entonces un libro me ha acompañado en cada paso.
Realmente fue antes, dije mi primera palabra a los 6 meses, sí, tan pronto, el nombre de mi madre fue lo primero que salió con coherencia de mis labios, y hoy más de 30 años después aún me cuesta callar.
Me he enamorado de un libro, de la letra de una canción, de un poema, e incluso de una palabra aislada, hay palabras tan bellas. No siempre ha de acompañarlas su significado, a veces su fonética es magia por si misma.
La capacidad para escribir es algo que siempre he querido tener, creo que es algo con lo q se nace, no se puede buscar, uno puede aprender a escribir correctamente, pero lo correcto no siempre consigue enamorar.
Una amiga mía se transforma por medio de las palabras, consigue transportar a la gente a mundos que crea a través de las letras.
Su estilo no es el mío, yo soy más realista, quizá fatalista según otra amiga. Sí, igual peco de triste, pero no yo no sé mudar de planeta.
Busco dentro de mí, en esos mundos que tengo en mi cabeza, en mi corazón o en las plantas de mis pies.
Lo admito, tengo mundos absurdos en mi interior, lo que pasa es que normalmente esos no llegan muy lejos, no porque no quiera, simplemente la fantasía es más efímera que la realidad, y la realidad no siempre es tan alegre como uno quisiera.
Además, la alegría se chilla, no suele escribirse, yo a veces lo hago, pero son las menos, las penas o inquietudes es lo que uno guarda bajo el colchón, o esconde a través de las palabras en un cuaderno viejo, o en el teclado de este ordenador.
Hace tiempo que no escribo en papel, bueno, hace tiempo que no escribo mis pensamientos en un papel, el trabajo ayuda a mantener esa especie de chichón que tengo en el dedo corazón de mi mano derecha. Ese que se hizo a fuerza de diarios sin sentido y de esas hojas del final de todas las libretas de clase.
Sí, me he enamorado de muchas palabras, de la misma forma que por culpa de ellas puedo enamorarme de una conversación, de un momento determinado, de algo inesperado.
Las palabras son el billete de ida, con la vuelta abierta a cualquier mundo. Incluso a esos que están dentro de uno mismo y a los que uno a veces no quiere entrar. O de los que uno no quisiera salir.
¿Veis? Las palabras han vuelto a poseerme.
Cascabeleo, rocambolesco, sinceridad, meretriz.
Que bellas palabras…

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