martes, 8 de junio de 2010
Principio y Fin
He sacado todo lo que se podía de aquel otro que me acunó durante tantos años, allí se quedan conmigo secretos, momentos y palabras que sacándolas de allí no tienen sentido.
Haciendo esto me obligo a no reciclar más, a que lo nuevo acuda al rincón del fregadero, y a que lo que escribí en su momento, se mantenga aquí que es donde siempre debió estar.
De Septiembre de 2006 a Noviembre 2009.
Principio y Fin.
Sea donde sea he de volver a escribir.
Ya
En ese momento no te paras a pensar en el error que estás cometiendo, pero tranquila, el error está ahí, y los errores se pagan, y a veces muy caros.
Es lo que hay, grandes errores, grandes castigos, grandes perdidas. Pero todo tiene su punto, final o seguido y eso si que has de escogerlo tu misma. Si te decides por el final puedes perder mucho, si te decides por el seguido, puede doler más.
El dolor se supone que nos hace más fuertes, yo estoy bastante harta de fortalecerme, pero mira, aquí seguimos, sin callos en las manos pero con la espalda más dura del mundo, con lágrimas que salen solas porque tu lagrimal no sabe controlarse, y sabiendo, porque sí, lo sabías, que esto es lo que tenía que pasar.
Hay que asumir lo que se hace, cargar con sus consecuencias, aceptar la derrota en una guerra que no querías ganar, pero en la que te gustaba participar, y terminar, como siempre aunque no quieras, llorando sin darte cuenta.
Sabías lo que querías, bueno, querías demasiado, y no se puede tener todo, y lo has tenido. Pero esas cosas no duran, se te escurren entre las manos, y a tí se te ha escurrido todo. Ya has decidido quitar algunas cosas, otras se te caen y otras terminarán yendose solas aunque esa marcha duela menos que las que se te han caído.
Bueno, da igual, no me apetece más, no tengo ganas de escribir, ni de llorar, ni de sentir.
Octubre
El sol sigue aquí, dicen que se ha quedado más de lo habitual, ahora no molesta, es casi agradable, aunque mi corazón sigue prefiriendo la lluvia, y también me la ha traído este mes.
Me encanta cuando se siente frío a primera hora de la tarde. Sí, no me gusta abrigarme en ese momento, me gusta como se eriza mi piel, me encanta tener esa sensación de frío. Lo único aceptable para calmarlo son los abrazos.
Los abrazos en esos momentos son perfectos, no buscan ser carnales, pero sin querer consiguen que la piel se estremezca, consiguen convertirse en una sensación tras otra.
En Octubre los árboles se desnudan o se oscurecen, el cielo tiene un azul más especial, el sol lo ilumina pero no lo ciega, deja ver mejor su luz.
La noche llega antes, yo nací de noche, vivo de noche, ¿sueño de noche?
Este mes ha llegado como siempre, maravilloso con sus cambios, con su lluvia, con su noche.
He crecido, en cifras y en experiencias, he crecido como persona, no sé si para bien o para mal. Pero afortunadamente, Octubre, no ha pasado sin dejar huella.
Me encanta la playa en Octubre, las huellas se quedan y no las pisotea una masa de gente absurdamente obsesionada por tomar el sol. El mar huele a mar y no a la crema del de al lado.
Las olas cantan su canción y nada la rompe, no hay chíllidos, no hay más música que la generada por ellas al romper contra la arena, esa arena en la que sí puedes dejar tus huellas. Por lo menos hasta que suba la marea.
Los árboles, la playa, el cielo, la noche, yo...
Todo es diferente en Octubre.
Duermo
No suelo tener la necesidad de dormir, y si llega la acompaña el agotamiento. Diferencio la necesidad de dormir del sueño, yo casi nunca sueño, o no recuerdo mis sueños, que al fin y al cabo es lo mismo. Para mí descansar es dejar de existir unas horas.
Igual mi descanso refleja mi vida, quizá he dejado de soñar.
Siempre he hablado sola, diría q no como una loca, aunq eso podría ser discutible. Eso aún lo hago, aunque me cuesta entenderme.
Antes me contaba historias para lograr dormirme, sin voz. Soñaba sin dormir. Eso ya se ha acabado.
Me estoy quedando dormida, mañana volveré a existir.
Complacencia, no gracias
Harta, estoy harta.
No, no soy antipatica, no soy antisocial, no soy desagradable, soy yo, y no pretendo que se me excuse con ello, “es que Rosa es así y siempre lo ha sido”. No no es cierto, yo antes no era así.
Pero ya estoy harta, no se puede ser complaciente con todo el mundo.
Es que el niño…
Es que el novio…
Es que el perro que me ladra…
¡Ya!
Todos, absolutamente todos tenemos nuestros problemas, de mayor o menor envergadura y cada uno se los guisa y se los come solos. Bueno así debería ser, y así lo he hecho yo toda mi vida de dios, con novio, sin novio y con gato.
Sí, soy comprensiva, siempre lo he sido, siempre he estado para todo y para todos, a todas y cualquier hora del día, pero ya está bien.
Sí seguiré estando, eso no es problema, yo quiero a mis amigos, y no me importa escuchar o actuar, pero no me pidáis que me calle mi opinión porque eso ya es demasiado.
Y no, no estoy mosqueada, ni mucho menos, simplemente pensemos en problemas reales y dejémonos de mariconeces.
Más besos
¿Adonde iran los besos
que guardamos, que no damos?
dónde se va ese abrazo
si no llegas nunca a darlo.
Cada uno le da a los besos un significado distinto.
A mí no me gustan los besos cordiales. Esos que se dan casi por obligación. Pese a que con ello me gano ser antipática, evito darlos a la mínima. Si un beso te nace, lo das, bueno, no siempre.
Para mí un beso es la consumación de un sentimiento, ya sea amistad o cariño. Es lo que el sexo al deseo.
No, no soy cariñosa, no sé serlo, me han criado para que fuera una besucona y fracasaron con ello. Evito el contacto físico innecesario, e intento por norma dar la mano para evitar mayor aproximación.
No es que sea aséptica, no lo soy, soy reservada y coherente con mi forma de pensar, para que voy a besar si no quiero hacerlo, porque tengo que sonreír si no es lo que siento.
Sí, sé que no es común, lo siento, nunca he entrado en ninguna pauta establecida, mírame, no hay más.
Hasta hace poco esa ha sido mi pauta, pero cuando te encuentras en otro extremo es muy diferente, sí, cuando el beso te quema en la boca, y has de tragarlo. Porque sí, ahí van los besos que no damos, te los quedas, los guardas, no se los regalas a otros, no, no son los mismos.
He probado a callar mi frustración besando a quien podía, no a quien quería, y no, no es lo mismo, acallas el ego o la frustración, pero los besos siguen dentro, acumulados. Y yo ya hago bastante evitando que me envenenen y me hagan decir lo que no debo aunque quiera.
Sí, yo en los besos también acabo siendo cordial, conmigo, con quien quise besar y no pude, con los abrazos que no dí.
Fue
Caleido
Hola Caleido
Siento no ponerme en contacto conmigo más a menudo, es culpa mía ya lo sabes, pero lo nuestro se ha debilitado, es como cuando vas al gimnasio y faltas cuatro días, el quinto no vas porque que más da un día más, ya irás el Lunes, o el Martes…
Yo siempre he dicho que pese a lo maravilloso del romanticismo, el amor surge de la necesidad, y sí, aunque no me creas aún te quiero, y no porque te necesite, puede que sea así, te quiero por lo bien que me has tratado y lo útil que has sido para mí.
Las alegrías son más llevaderas que las penas, y tú has cargado mis penas sin pedirlas.
Te han criticado por triste, por ambiguo, por desordenado, por extraño.
Sí, otra vez culpa mía, yo no sé hacerlo de otra manera, no sé quedar bien, no sé disfrazar las cosas. Puedo inventarme cuentos, pero sé que no vivo en uno.
Pese a mí resistencia a leer libros de historia, dejé que mi historia se metiera en ti y te afectara, hasta te he abandonado ingratamente.
No me disculparé, suena a mentira cuando lo haces demasiado, tampoco te prometo continuidad, solo permanencia, mientras tú me dejes, acudiré a ti.
Cuentos para Rosa
Pereza será el titulo del libro q escribiré dentro de 100 años, porque es lo único que hace q no haga nada aquí.
Dejemos de echarle la culpa al cansancio, aunque existe, es pura pereza, es el no saber por donde empezar, es querer intentar ordenar el caos.
No es solo aquí donde se refleja este pecado, he dejado de contarme cuentos.
Soy insomne desde niña, por eso mi madre me enseñó a leer con poco más de tres años, ella tendría la esperanza de q eso me atontaría, y lo que consiguió fue volverme adicta a las letras.
Cuando se hacía tarde, mi madre me apagaba la luz para q no siguiera leyendo, y yo como seguía sin dormir, comencé a contarme el libro a mí misma, es decir, cada noche lo continuaba imaginando lo que ocurriría, al día siguiente el cuento desaparecía al no parecerse al argumento real del libro, pero esa noche me había ayudado a conciliar el sueño.
Así comencé a contarme cuentos.
Casi todas las noches, durante todos los años que mi memoria procesa, me he contado un cuento antes de dormir, planificando mi día, imaginando como sería si pasará esto o aquello, como la lechera del cuento, dejaba volar mi imaginación.
Ahora llego a la cama, me tumbo, miro mi techo no estrellado, y dejo q el sueño me tome, ya no me cuento historias.
No sé si es q nada me ilusiona, o no tengo ganas de imaginar, no sé pero he de volver a ello.
Érase una vez q se era...
Golpea
Sabes Gabriel, me recuerdas ese cuento del niño que se dio un golpe y que como era demasiado pequeño para reírse y demasiado mayor para llorar, se quedó en silencio, sin saber que hacer, y así pasó la vida entera. Sin reír ni llorar.
Y se convirtió en un hombre desesperado.
Solo quiero caminar. 2008
Fuerperanza
Aunque no con la periodicidad que quisiera, estoy logrando retomar la costumbre de escribir, no es solo la falta de tiempo, el tiempo si uno quiere se consigue, mi problema es que no sé que contar, mi vida aunque no todo lo divertidamente aburrida que era sigue girando, y si aislamos ese tema, podría conseguir que fuera normal.
Pero no, hay demasiado dolor alrededor, aunque hasta ahora parece que asoma y quién sabe qué o de que forma conseguimos espantarlo.
Dos de mis mejores amigas tampoco están teniendo el mejor año de su vida, cada una ha visto entrar el miedo por la ventana, una parece que ha logrado asustarlo lo suficiente como para que se aleje, ojala huya lo suficientemente lejos que consiga llevarse al que está escalando al balcón de la otra.
Sé que la fuerza no se desea. Nadie mejor que yo sabe lo que cansa que te intenten tranquilizar, aunque siempre es mejor eso que el consuelo, el consuelo es la petición de que aceptes algo que nunca podrías asumir.
No hay que asumir nada, hay que asustarlo, hay que hacerle tanto daño como él quiere hacerte a ti, yo, aunque no cuento con más arma que mi apoyo, estoy dispuesta a ceder mi arsenal todo el tiempo que haga falta.
Brindo mil risas tontas, dos mil recuerdos absurdos, y un millón de palabras estúpidas para llenar esos momentos en los que te cansas de pensar en lo que te ocurre, esos momentos que te ayudarán a descansar lo suficiente para regresar a la lucha.
Hace poco en una de mis insomnes madrugadas oí esto en televisión, no será exactamente así, ya que mi memoria no es todo lo perfecta que parece, y desde mi incredulidad parcial me pareció maravillosa. Igual a vosotros no, me disculpo si es así, pero así de rara he sido yo siempre:
“Párroco: Cuando la gente acude enferma a mí, siempre le digo que Dios tiene razones que no entendemos para cada uno de sus actos. Pero ahora mismo a mí eso no me consuela.
Doctor: Yo he visto de todo en este mundo, cosas mucho peores que lo tuyo, y sé que eso no es obra de Dios. Yo creo que Dios es el que te da la fuerza para superarlas. “
PD. Aunque he dicho dos, hay una tercera implicada, no te he dejado fuera, acabas de entrar, por favor quédate.
Ro
Mi nombre es Rosa María, tengo 31 años, mido 1’65 y posiblemente peso el doble de lo que se supone que he de pesar. Pelo negro y ondulado, ojos tristes y castaño, una notable nariz y los labios carnosos, soy pecosa.
Soy Administrativa financiera, trabajo en la misma empresa desde hace ya 9 años. Siempre quise ser fotógrafa o periodista, y esperemos que nunca sea tarde.
Soy fruto de un penalty, por lo que mis padres son insultantemente jóvenes, tengo una hermana menor, que se aprovecha de ello cada día de su vida.
Tengo siete amigas maravillosas, tres estúpidos amores de juventud, una sola relación que se ha podido considerar como tal, más vida sexual de la reconocida, pero posiblemente menos que la que debiera.
Tengo temporadas de lectora compulsiva, apenas veo la televisión, me entusiasma el cine, disfruto como una enana en el agua, aunque el olor de la montaña me llena más que el del mar.
No soy capaz de decir mi película favorita, ni mi libro, hay demasiados géneros para decantarme por uno solo. Alguien que conozco diría que por eso soy Libra, por mi incapacidad de elegir, yo prefiero pensar que simplemente me gusta tenerlo todo si puedo.
Suelo vestir de negro porque me gusta pasar desapercibida, mi color favorito es el azul noche. Y me encanta como suenan las tormentas.
Creo que puedo decir más cosas de mí, pero ahora empiezo a tener sueño.
¿vamos?
A un lugar al que yo no pertenezca y nos escondemos hasta mañana
A las Ninfas, Nayades y Hadas...
Acabo de escribir sobre alguien, y sé que no lo leerá, eso me hace libre.
Posiblemente tú sí, y seguramente tú lo valores más.
No merece la pena, sí, te cansarás de oír eso estos días, pero ya sabes que yo no soy como todo el mundo, yo soy peor.
No creo en el contacto físico innecesario, no soy simpática fuera de horas de trabajo, y ser sincera a veces puede ser una lacra.
Pero a ti te quiero.
No merece la pena que llores, no merece la pena porque te pones feísima y ya no estamos para estas cosas, que ahora las arrugas de expresión nos poseen y dejan mella en nuestros bellos rostros, no merece la pena gastar pasta en papel para sonarse con la de cosas chulas que podemos comprarnos, no merece la pena.
Has vivido algo que te ha hecho feliz, muy feliz, consiguió bajar a la ninfa de su Luna, le puso los pies en el suelo, incluso consiguió que su paso fuera seguro y cauteloso. Recuerda eso, solo eso. Hay quién nunca se sentirá como tú te sentías.
Y no, no te estoy consolando estúpidamente, me niego a eso, solo quiero que abras esas alas que dices tener, subas a tu luna unos días de duelo, y que vuelvas a bajar a caminar a mi lado sin prisa.
No te caigas, no, si esa posibilidad existió durante unas semanas es que está ahí, es posible sentir eso, y que sea reciproco. Quizá no era la compañía adecuada para el largo camino que nos espera, pero sí, yo lo vi, vi el brillo de tus ojos, y la seguridad de tu mirada, tu sabes andar por esta vida firmemente y con la cabeza a la altura adecuada para ver todo lo que la vida tiene que darnos aún, solo hay que mantener el paso.
Tres pares de botas volvieron en el maletero del autobús, yo tengo tres pares más, y si hacen falta bambas, pues se buscan, pero no dejes de andar.
Sí, hay que volar de vez en cuando, y sé que estás capacitada para ello, pero no subas tanto, deja que yo desde el suelo pueda seguir viéndote para esperarte cuando bajes.
Aunque no entiendas nada ahora, yo no me entiendo ni yo, pero estoy aquí por si necesitas que te ayude a buscar en un diccionario. Aquí desde mi incoherencia verbal.
Buenos días ninfa mía.
¿Estás Ahí?
Dicen que la distancia es el olvido, pero yo no concibo esa razón…
El olvido lo elige uno o su inconsciente, uno decide olvidar por propio deseo, ya sea por rencor, dejadez o por aligerar la carga que un recuerdo nos trae.
Nuestro inconsciente decide solo, intenta almacenar en el rincón más oscuro de nuestra mente lo que considera q puede dañarnos, o quizás, y solo quizás, lo que cree que puede mostrarnos algo que realmente no queremos ver.
Me estás olvidando.
No sé porqué, y cada día tengo menos ganas de buscar respuestas. Tú te alejas y yo no voy a buscarte. Tú lo asumes y yo me niego a creerlo. Me dueles demasiado.
Sí, seguro que recuerdas las mil y una que nos han unido, eso es imposible olvidarlo. Pero tampoco se olvidan las preposiciones y no por eso las queremos en nuestro presente.
Ayer llovió, mañana estaré cansada, hoy alguien será responsable de que no pueda ser.
Esto pasa, lo sé, es algo que llevas oyendo toda la vida, que incluso te ha sucedido a ti misma con otra personas, pero que piensas que en vuestro caso no pasará. Es como una leyenda urbana absurda que alguien te cuenta y que tras oírla vuelves la mirada y ves en esos ojos ese suspiro de relajación que dice que no tiene sentido siquiera pensarlo.
¿Ya ha pasado?
No voy a mover ficha, no me quedan peones, y sé, soy consciente de que no los he gastado contigo, que han sido otros los que se comieron esas piezas, pero lo siento, siguen sin quedarme y no puedo jugar más, tengo que guardar lo que me queda para mí, no puedo arriesgarme a perder más. Prefiero quedar en tablas.
Tu me olvidas y yo empiezo a imitarte.
Felicidad, que bonito nombre tienes...
No es fácil hacerse entender.
Aunque lo malo no es que no te entiendan, lo peor es que la persona que mejor ha de conocerte ni siquiera se esfuerce en intentarlo, o que evite la conversación por si en parte de ella le salpica la culpabilidad.
No, no soy feliz.
Y cuando lo dices siempre alguien te reprende, te juzga por quejarte, y compara tu existencia con la de otros más desafortunados que tu. Pero no, a mí eso no me vale, yo no me consuelo pensando que hay gente que está peor. Simplemente no me consuelo.
Supongo que ahora mirando atrás puedo decir que era feliz y no lo sabía, que tenía todo lo que se puede desear y no lo apreciaba, aunque sinceramente no sé si me convence la idea.
Siempre nos falta algo, siempre. A mí me han tildado de cómoda o conformista por tener una vida que hoy puedo llamar plácida. No, no era cómoda, tenía lo que necesitaba, y me alegro de haberlo tenido, sé que en determinados momentos ansié el desorden de la aventura pero siempre desde la seguridad de volver a lo que tenía.
Sí, no he perdido nada realmente, podríamos decir que todo sigue aquí, y sí, sería cierto, pero yo no soy como era, ya no.
Hace unos días cumplí 31 años, sin gloria ninguna, y con pena sin gracia, no por los años cumplidos, hasta eso dejó de preocuparme por ahora, me dejé la coquetería guardada con la ilusión, y creo que se me ha olvidado donde metí la llave.
He cambiado tanto que hasta se me escapan las penas por la boca, yo nunca supe contar lo que sentía, me quedaba mi pena para mí y cuando conseguía domarla la tiraba por el sumidero más cercano, quedando entre nosotros mis lágrimas y desesperación.
Ahora no, sin darme cuenta se me caen, y hago participe a la gente de mi desgana, y aunque eso debería aliviarme, no lo hace. Me estoy volviendo intolerante, o egoísta, o simplemente tan pesimista q siento que no vale para nada expresar lo que siento, o me da la impresión de no ser escuchada, o tomo todo como una crítica en vez de cómo un intento de auxilio.
Aunque hay gente que no sabe ayudar, y eso duele tanto. Quiero pensar que es miedo, miedo a que se les culpe en parte de mi desilusión, a sentirse parte de mis lágrimas, pero incapaces de enjugarlas, prefieren poner el grito en el cielo y hacerme sentir más débil si cabe.
No culpo a nadie, ni siquiera a mí misma, no tengo fuerzas. He perdido tanto en el camino que no tengo ganas de volver atrás y recuperarlo, no quiero ir a objetos perdidos a reclamar lo que ya no tengo, igual nunca fue mío, o tristemente ya no quiere seguir siéndolo.
Mis más sinceras disculpas a todos aquellos que al leer esto consideren que siempre me estoy quejando, a aquellos que piensen que no veo la luz, a aquellos a los que la tristeza les asusta y piensan que esconderla es más fácil que afrontarla, lo siento pero no es así.
No me quejo, realmente ahora no me siento especialmente triste, ni siquiera sé si lo estoy si quiera, sí, veo la luz, si no la viera no podría seguir andando, y aquí estoy caminando, no escondo nada, me niego, me río cuando puedo, y cuando lo hago lo disfruto como nada, y lloro cuando lo necesito, porque llorar me limpia el alma.
Sonríe, sí, sonríe, que eso suele ser contagioso, y reír siempre hace falta.
Mejor, mucho mejor
No soy variable, simplemente intento que lo que me afecta no duela tanto.
Me he acostumbrado al silencio personal, a no contar los secretos de nadie, ni tan siquiera sé contar los míos. He hecho real la frase de que ni siquiera me los cuento a mí.
No paso de la tristeza a la dicha ni viceversa, si estoy triste sigo estándolo, solo maquillo mis lágrimas para que no afecten a nadie, ya es suficiente con lo que provocan en mí.
También es cierto que a veces con poco uno logra soltarlo todo y descargar al menos una parte de lo que te asusta.
Esta vez fueron dos damas, gracias a ambas, gracias por hacerme reír y por conseguir aliviarme sin que nada saliera de mis labios.
Como ya he le he comentado al susodicho a mí los chistes no me inspiran demasiado, pero la música consigue liberarme.
Quizá debería acompañar cada entrada con una canción, como ya me he cansado de decir, mi vida tiene banda sonora, posiblemente esta no es la canción de hoy, pero sí es una que me hizo tener ganas de volver a sonreír el otro día.
¿Quién no quiere bailar?
Agua
Hola.
Sí, estoy bien, aunque todo depende de con que lo compares.
Pienso demasiado, y no sé que hacer para solucionar nada, o realmente no hay nada que arreglar, o simplemente no tengo ganas de esforzarme para ello.
Ni tan siquiera escribo, no quiero volcar aquí lo que siento, no es que pretenda ocultarlo, que también, es que cuando te esfuerzas en no contar algo, parece que esto no ocurre. Siempre he creído que nada es real a menos que tú creas en ello.
Dudas, las dudas asaltan por las esquinas, a mí me han perseguido en muchas ocasiones, y ahora tras conseguir acallarlas, vuelven a atacarme a través de otra persona, yo logré dormirlas, pero ahora se han despertado como si un millón de despertadores hubieran sonado a la vez en mi oído.
Necesito ganas, porque sé que se me van, se me escapan sin querer, he dejado a demasiada gente en el camino, y no porque esta gente no me importe, ha sido la falta de ganas, de explicar porque me siento así, o averiguar como me siento realmente. Las ganas de buscar un momento que dedicarle a cada uno de esos abandonados, de hablar, de reír, de volver a compartir momentos como antes.
Creo que es tan simple como que he perdido la capacidad de absorción, siempre me he sentido capaz de absorber todos mis problemas, incluso los de los demás, luego, utilizando una magia humana que no divina conseguía transformar la pena en agua, es raro que siendo un signo de aire el agua en sus diferentes versiones me haya liberado tanto, quizás debería aprender a volar, esa escoba que me pertenece, ¿dónde está?
Los nervios se iban nadando en una piscina, la angustia por el desagüe tras una ducha o un baño, y la pena en el liquido de mis lágrimas. Pero ahora no encuentro agua donde verter lo que me pasa. Estoy seca, y no entiendo como, porque sigo llorando, más que antes tal vez, pero ni así consigo desprenderme de lo que me pasa o no acaba de pasar, estoy en medio de un desierto buscando ese oasis que me limpie.
No puedo seguir, no quiero y no debo, no quiero nombrarte, no quiero nombrarlo, no quiero que me leas, no quiero que nadie lea lo que me aturde. Bueno no es lo único importante, pero esa gota ha acabado por desbordar mi vaso, lo ha volcado, y se está evaporando, todo se está evaporando.
Mañana buscaré un chiste, mañana buscaré un absurdo, mañana intentaré volver, o al menos, intentaré parecer la que era.
Volveré a confiar en el agua, creo que si no me salva, al menos me aliviará por esta noche.
Prólogo
La primera vez que la vi estaba dormida. Es algo que nunca podré olvidar.
Acababa de llegar a la casa, yo no quería estar allí, era extraño, pero después de tanto tiempo esperando un fin de semana de relax, llegado el momento, no estaba convencido que perderme en la montaña solo un par de días fuera la solución a los principios de ulcera que me acosaban.
Obligándome a ello, cogí el coche y me perdí durante tres horas hasta llegar a un caserón que estaba a solo a 80 kilómetros de mi casa.
La señora que me recibió sonreía tanto que llegó a asustarme, en apenas 3 minutos me contó como siete generaciones de su familia habían cuidado esas tierras, así como hasta donde llegaban sus lindes, cuantas cabezas de ganado criaban y los diferentes cultivos que allí tenían, por si era poca información, mientras decidía que habitación era más adecuada para mí, me enseñó todas las fotos familiares que colgaban en su salón.
Finalmente me envió al desván, tendría que compartir el baño, pero la habitación tenía chimenea, y el ocupante de la otra habitación de la última planta también estaba solo, con lo que no me daría demasiado ruido.
Se prestó a ayudarme, pero al ver que eran tres pisos a subir le dije que me apañaba solo, siendo sincero, realmente quería que se callara de una vez.
Con mi diminuta maleta subí escaleras arriba, solo había tres puertas allí, la 1 la 2 y una que tenía un ridículo azulejo de cerámica con una bañera pintada en rosa.
Entré en mi cuarto, era realmente bonito, tenía un enorme ventanal con una especie de mecedora a su lado, aunque lo mejor no era eso, ni la pequeña chimenea, lo mejor era la claraboya del tejado, estaba justo encima de la cama, y tenía una especie de persiana que apenas dejaba entrar la luz. Recordando mi niñez trepe encima de la cama y conteniendo unas terribles ganas de ponerme a saltar como un loco, abrí aquella cosa y el sol me dio en toda la cara.
Baje de allí de un salto, me arranque la ropa de humano que estoy obligado a llevar y me puse el bañador, sinceramente me quedaba fatal, creo que tiene más de 6 años, pero ninguna vaca se quejará, supuse.
Cuando salía de la habitación tropecé con una caja que había en el pasillo, chocando contra la puerta dos, entreabriéndola, dándome un cabezazo que más tarde supondría un chichón, pero dejándome ver lo que con mi suerte provocaría mi peor dolor de cabeza.
Cuentos
Me contaron mil cuentos, y yo soy incapaz de terminar uno…
Te contaría porqué la noche me atrapa entre sus manos en la caída de cada sol. Como el sueño escapa de mí, y yo despierta me esfuerzo por crearlos.
Suelo contarme cuentos cada noche, busco esos que se olvidan y al no encontrarlos me conformo con los que mi mente imagina.
Fui actriz, y escritora, madre y amante, descubrí nuevos mundos y no sé que parte de todo visité guiada por mis palabras o por el dios Morfeo.
Acunada por el sueño, o en su búsqueda, he vivido y he muerto, y ahora quiero y no sé transferir aquí cualquiera de esos cuentos que se acaban al salir el sol.
Carta a una Ninfa
Hola Laura.
No se te ocurra esconderte, no tienes porq hacerlo, levanta esa cara mira a ese cielo que acoge a tu Luna y con la mirada bien alta sigue adelante.
Yo no te conocí ayer, ni anteayer, te conozco más que la suma de años de los que he visto pretenden dañarte con sus palabras. Las palabras se las lleva el viento, aunque queden escritas, el valor los da quien se atreve a leerlas, o a interpretarlas, si no no valen nada.
Me asombra con la ligereza que se juzga a la gente, pero lo q más me sorprende es no conocer esa faceta de ti, porq lo he releído y realmente no logro identificarte.
He de admitir que eso de la numeración me ha gustado:
1.- Nunca has intentado quitarle el novio a ninguna de tus amigas, si en algo has fallado ahí es que siempre has intentado mantener la amistad con todo ser humano que ha pasado por tu vida y eso te está trayendo unas consecuencias injustas, aprende a cerrar la puerta a quien nunca mereció pisar tu mundo.
2.- Siempre has ido de cara, y yo puedo decirlo bien alto porque nadie, y puedo asegurarlo NADIE ha discutido jamás tanto como tu y yo. Siempre nos hemos dicho las verdades A LA CARA. Si es necesario e imprescindible insultar se hace, pero dando el derecho de replica inmediata al ofendido.
3.- Sí, envuelves tu vida en palabras bonitas, siempre me he pasado con ello y lo sabes, pero llego a entenderlo, en ocasiones hay que disfrazar lo que te rodea para que no te dañe más de lo necesario.
Yo conocí a Jose, ni falso profeta ni ostias, ni Joel ni Pepito piscinas, llamemos a cada quién por su nombre, yo no soy amiga suya, nunca pretendí serlo, siento decir que no me confundí, que no era trigo limpio, o simplemente no lo hemos cogido en el mejor momento de su vida, pero no, no te ha tratado bien, y desconozco la relación que tenía con ella, pero lo que he visto con mis propios ojos, le he visto mentir, le he visto ser falso, y esconderse cuando supuestamente estaba en su casa enfermo y decidió “despejarse” en una discoteca, (el silencio y el aire puro que en ellas hay es indiscutible), ah! Por cierto se estaba “despejando” bien abrazadito a una joven que resultó ser su ex. Poco más que decir respecto a Jose. Sobretodo cuando estoy luchando por mantener las formas.
Sabes bien que suelo ser reacia a abrirme con la gente, bueno, más que reacia selectiva, carezco de ese don que tu posees de intentar ver lo bueno de la gente siempre. Yo no soy como tu, yo no me enamoro con la facilidad que según aquí se comenta tu tienes. Pero tampoco entiendo como es criticable la capacidad de amar, podría entender que fuera envidiable, pero que a alguien le parezca sórdida me parece no solo absurdo si no estúpido.
Yo no tengo pseudónimo, me llamo Rosa, no soy ningún ángel, no caí del cielo ya que nunca he pretendido subir, tengo 30 años y los pies en la tierra, valoro y aprecio lo que tengo, anhelo lo que consideró que seré capaz de tener, y soy una persona muy afortunada, aprendí a valorar la vida gracias a mi padre, que con sus miradas me recuerda cuanto hay que aprovecharla, aprendí a amar al lado de quien me dió todo, y aprendí a sonreír sentada a tu lado, junto a ellas, junto a ti.
Si he pedir un papel quiero ser la bruja de la historia, dame el poder de borrar las lágrimas de tus ojos y con escoba o sin ella volaré para recogerte si esas alas se te acaban rompiendo.
Capitulo Primero
Su madre se llama Margarita.
Su padre se llamaba Jacinto.
Era de prever…
Es la menor de las hermanas, todo un clan de mujeres, nunca llegó el tan ansiado varón. Ella fue la última oportunidad, cuando apenas cumplió dos meses aquel tren se llevó a su padre.
No, Jacinto no murió, o al menos no tienen noticia de ello. Pero el día que tomó aquel tren, Margarita se vistió de luto.
Rosa es la mayor, heredó el nombre de su abuela paterna, la corpulencia de su padre y la fuerza de su madre.
Violeta es la segunda, su nombre fue el principio de aquel juego, Margarita no quiso repetir el suyo, ya había seis en su familia, la abuela Marga pidió un nombre de flor, y las violetas siempre fueron su flor favorita.
Flor y Hortensia llegaron a la vez, nacieron muy chiquitas, Jacinto pensó que no aguantarían, pero la abuela Marga se trasladó a casa y con sus canciones y su leche migada las retuvo aquí.
Azucena siempre fue la favorita de papá, era igual que su madre, sus mismos ojos, sus mismos labios. Ella no quiso vestirse de luto, simplemente le olvidó. Sí, posiblemente en el olvido salió a su padre.
Ella nació la última, nadie la esperaba ya, Margarita pasaba ya los cuarenta, y Rosa estaba a punto de casarse. No les quedaban flores de nombres bonitos, o nadie quiso buscarlos, aunque su nombre lo eligió su padre, eran las únicas flores que siempre le gustaron, las que comenzaban a nacer en otoño, como ella.
Crisantema tenía su sonrisa. Aunque nunca pudo verla.
Palabras
Supongo que por eso no lo hago. Porque cuando empiezo no puedo parar.
Las palabras siempre me han poseído, desde niña. Aprendí a leer con poco más de 3 años, y desde entonces un libro me ha acompañado en cada paso.
Realmente fue antes, dije mi primera palabra a los 6 meses, sí, tan pronto, el nombre de mi madre fue lo primero que salió con coherencia de mis labios, y hoy más de 30 años después aún me cuesta callar.
Me he enamorado de un libro, de la letra de una canción, de un poema, e incluso de una palabra aislada, hay palabras tan bellas. No siempre ha de acompañarlas su significado, a veces su fonética es magia por si misma.
La capacidad para escribir es algo que siempre he querido tener, creo que es algo con lo q se nace, no se puede buscar, uno puede aprender a escribir correctamente, pero lo correcto no siempre consigue enamorar.
Una amiga mía se transforma por medio de las palabras, consigue transportar a la gente a mundos que crea a través de las letras.
Su estilo no es el mío, yo soy más realista, quizá fatalista según otra amiga. Sí, igual peco de triste, pero no yo no sé mudar de planeta.
Busco dentro de mí, en esos mundos que tengo en mi cabeza, en mi corazón o en las plantas de mis pies.
Lo admito, tengo mundos absurdos en mi interior, lo que pasa es que normalmente esos no llegan muy lejos, no porque no quiera, simplemente la fantasía es más efímera que la realidad, y la realidad no siempre es tan alegre como uno quisiera.
Además, la alegría se chilla, no suele escribirse, yo a veces lo hago, pero son las menos, las penas o inquietudes es lo que uno guarda bajo el colchón, o esconde a través de las palabras en un cuaderno viejo, o en el teclado de este ordenador.
Hace tiempo que no escribo en papel, bueno, hace tiempo que no escribo mis pensamientos en un papel, el trabajo ayuda a mantener esa especie de chichón que tengo en el dedo corazón de mi mano derecha. Ese que se hizo a fuerza de diarios sin sentido y de esas hojas del final de todas las libretas de clase.
Sí, me he enamorado de muchas palabras, de la misma forma que por culpa de ellas puedo enamorarme de una conversación, de un momento determinado, de algo inesperado.
Las palabras son el billete de ida, con la vuelta abierta a cualquier mundo. Incluso a esos que están dentro de uno mismo y a los que uno a veces no quiere entrar. O de los que uno no quisiera salir.
¿Veis? Las palabras han vuelto a poseerme.
Cascabeleo, rocambolesco, sinceridad, meretriz.
Que bellas palabras…
Vestidos
No, no me gusta como soy, y no me refiero a como persona, aunque mi aspecto quiera o no terminó condicionando mi forma de ser.
Cual piedra preciosa supongo que todo el mundo ha de pulirse día a día, igual no como una joya, si no simplemente como una roca, que tras rodar y rodar va desgastándose.
Nuestro carácter se pule, nuestra energía se desgasta, todo nos cambia.
A pesar de ello si cierro los ojos consigo quererme, o incluso con los ojos abiertos, si estos se centran en mi rostro, pero el resto…
Sé a donde no estoy dispuesta a llegar para cambiarlo, pero de la misma forma sé como me gustaría que fuera, quizá solo un poco más, un poco más que poco. Mucho más.
Quitarme este traje que me envuelve, este que llevo desde hace 15 años y con el que me he acostumbrado a vivir.
Pese a la carga he vivido mi vida, la he disfrutado, y he sido feliz. Sí, no he permitido que me robe la libertad con la que todos nacemos. No eso no, el camino ha sido más difícil de recorrer en algunos momentos, pero tampoco podemos culparlo de todo.
Las modas pasan el estilo es eterno. De esta frase hice mi capa, y de esta capa sigo tirando cuando me veo reflejada en un escaparate.
No puedo negar el deseo de estar al otro lado. Ese lado en el que el traje no te preocupa, ese lado en el que realmente el físico no importa. Básicamente porque el que tienes es casi igual que el de todos.
Ser diferente no es tan difícil como parece. Pero cansa, cansa muchísimo.
No, no me avergüenzo de ser como soy, por lo menos no ahora, por lo menos no siempre.
A veces solo con decirlo, el traje pesa menos, o te ayuda a correr para hacerlo más ligero.
Desnuda, con los ojos cerrados, me veo como pude ser.
¿cerca?
Los días pasan, yo sigo aquí, con las ideas claras pero sin posibilidades de llevarlas a cabo.
Realmente puede ser solo cuestión de cobardía, o no, quizá es solo el juego lo que es interesante.
No lo sé, creo que realmente no lo sé. No sé que quiero o hasta donde estoy dispuesta a llegar por conseguirlo.
Siempre he conseguido lo que he deseado realmente, seguramente porque me retiré pronto, cuando veía que no había posibilidades, dejaba de quererlo.
Esta vez sigo aquí, y aún no sé porque.
¿Estar?
Sigue costándome estar.
Quien me conoce realmente lo notará. Supongo que no quiero más problemas. Aunque haya uno solo escondido en medio de la felicidad, no lo quiero.
Si no estás hay menos posibilidades de que te encuentren. Hay algunos que se te tiran encima solos, cuanta menos gente deje entrar menos posibilidades hay que alguno entre con ellos.
Ya, yo no soy así. O no lo era. Quizá me he perdido a mí misma, pero ahora tampoco tengo ganas de jugar al escondite.
Pero uno no se puede esconder tanto, siempre te encuentran.
Habrá que empezar a contar… uno…dos…tres…cuatro…
Girando
La ultima semana ha sido como un abono al parque de atracciones. Lo peor es que no ha habido subidas, bueno, sí una importante. El sigue aquí.
Se repitió el momento, la ambulancia, el miedo, el silencio de los médicos.
Esta vez era peor, esta vez sabías a que te enfrentabas.
Pero no, esta vez no, esta vez solo fue un susto, un susto que me hizo pasar unas horas horribles. Pero solo eso, un susto.
No quedó ahí, bueno sí, no ha habido nada peor, pero la historia se volvió a repetir anoche. Quizá vuelva a repetirse mañana.
Quiero bajarme de aquí, volver a ese banco en el que estábamos, ese que nos ancló los pies al suelo aunque no nos gustara lo que estuviéramos pisando.
Estar en ese sitio, en lo que lo único que había que mirar era el nuevo camino que se abría por delante, ese lugar donde mirar era innecesario ya que había que aprender a andar de nuevo.
Cuando el teléfono suena y ellos no están aquí, se me agita el interior, aún recuerdo la llamada de la semana pasada.
Volvamos, levantémonos otra vez, no es tan difícil. Aprendamos juntos a vivir en este nuevo mundo.
Vaciándose
Ya no me acuerdo de como se hace, he perdido la costumbre.
Me recuerda a esa típica lección del embudo, si lo echas poco a poco pasa, pero si lo tiras de golpe se acumula en la salida y se queda ahí, atrancado.
El tiempo, la falta de ganas, el sueño que llega o no, hasta la informática se han puesto en contra de ello, dejé de escribir, y ahora no sé como volver.
Lo intento, en serio, pero no sé.
Tengo tantas ganas de escribir, de liberar, de vaciarme un poco. Sobretodo porque esta sobrecarga no es buena, me conozco y sé que un día acabaré llorando seis horas seguidas y aún así, no me sentiré libre.
No es solo por eso, no. El recipiente es grande, mucho, demasiado, ya lo sé, pero aún así, llegará el momento de que no quepa nada más, es difícil que explote, conozco su dureza. Pero eso no es lo peor, lo peor es que no podrá entrar nada más.
Tenemos que seguir intentándolo...
Parece que no, pero ya noto un huequecito por ahí dentro.
El plan
Primero hay que salir de este bar, luego del hotel, luego de la ciudad y luego del país. ¿Estás conmigo?"
Necesidad
La verdad es que se me ocurren muchas cosas sobre las que escribir. Hay una a la que realmente le tengo ganas, la amistad, la superficialidad con la que hoy en día se trata, hablas con alguien dos veces y ya lo llamas amigo.
No es mi caso, pero conozco a muchos que sí, para mi la amistad es mucho más.
Da igual, no voy a entrar ahora a hablar de ello, no acaba de apetecerme, ya que cuando oigo ese tipo de comentarios, lo de los amigos de una semana, me doy cuenta, realmente, de lo sola/o que puede llegar a sentirse alguien.
No, no hablaremos de amistad, ni de amor, ni de familia, realmente no hablaremos de nada.
Bueno, sí, de que a veces, muchas veces últimamente, echo de menos estar sola.
Ahora sé que no podemos vernos querida, pero cuanto te hecho de menos amiga mía.
Lo prometo, buscaré la forma y el tiempo, te dedicaré unas horas, nos abrazaremos en silencio, o con música, lo que tu prefieras.
Te necesito soledad.
Aquí y Ahora
Los años pasan, y las desgracias aumentan, los años pasan, y no para nosotros, que pasan con alegrías y penas, penas que vistas ahora lo máximo que nos han dejado son canas, pasan para nuestros padres, para los que nos unen al mundo, los que nos trajeron aquí.
Yo imaginé que dejaría mis penas en el 2007, que se cerró con el funeral de alguien importante para un allegado, pero no, el 2008 decidió entrar al quite, porq no, complicar las cosas es fácil, muy fácil, yo en mi silencio puedo decir que papá sigue luchando y avanzando, que es más de lo que yo hubiera esperado, aunque él siempre fue y es como demuestra cada amanecer un luchador.
Pero el silencio hay que romperlo en nombre de otros, han pasado cosas raras, raras o malas este año, pero es mejor no hacerles eco para evitar darle la importancia que ellas quisieran tener.
Una bofetada suena aunq nadie la oiga, pero si le bajas el volumen, consigues que duela menos, ¿verdad Bett?
El trabajo va y viene, y el amor realmente nunca se va, simplemente dormita hasta que alguien que lo merece lo despierta a voces. ¿Verdad Lau?
Pero no, esto no es que no merezca romper silencios, simplemente es que a pesar de que en algún momento duela, el dolor se desvanece y la secuela el tiempo la borra, en cambio hay dolores que no se van, que los observas en la distancia porq no te pertenecen pero consiguen hacerte sangrar, porq hacen daño a quién tu quieres, y eso duele casi tanto como las propias heridas.
Si además te revuelve el pasado con el presente, el yo viví o espere vivir con lo que ella puede tener que vivir, el dolor es tan intenso que parece propio, e intentas huir de ello, de ella, de todo lo que pueda significar pensar.
No May, no, no me voy a esconder, no quiero, ni puedo, ni debo, estoy aquí, solo has de esperar lo mejor, y en esa sala de espera estamos todas.
Que la fuerza, suerte y ante todo justicia nos acompañe.
Otra peli más...
Sus pañuelos, gracias.
Hoy me ha dado por escribir, separo las entradas porque intento cerrar temas, aunque todo salga en cascada.
Ayer, bueno, realmente sería anteayer, porque fue el Domingo, estuve perdiéndome en el youtube, claro, eso no tiene nada de extraordinario, ni siquiera lo tiene lo que pasó, pero mira, me asombro yo misma de cuan simple puedo llegar a ser.
El día anterior busqué para un amigo una canción, pertenecía a la banda sonora de una serie de animación de mi infancia, y la suya supongo. Había guardado esa entrada en los favoritos, y al entrar de nuevo vi en esa ventanita que hay al lado, había más dibujos de esa época.
Estuve viendo algunos, riéndome con unos, viendo lo absurdos que eran otros, pero hubo unos que me devolvieron a la infancia…
Volví a llorar como una mema con la muerte de David el Gnomo, vamos, y de que manera mi madre me mirada asombrada, riéndose de mí, y diciéndome que no acabo de crecer.
Tras esta experiencia haré un comunicado:
- Si crecer o madurar significa dejar de emocionarme, dejarme llevar por mis sentimientos, o simplemente tener que dejar de expresarlos. Siento decir que no creceré nunca, llamaré a Peter Pan, y aunque ya no tenga la opción de ser una niña perdida, me afincaré en Nunca jamás aunque sea en el papel de bruja, al fin y al cabo siempre me he visto encauzada hacia ese papel.
- NO, NO CRECERË.
Por cierto esto me ha dado una idea para la peli de mañana, o de hoy, ya q en el 21 no hay ninguna.
Bienvenidos de nuevo a mis pérdidas mentales.
PD: Que falta me hacía.
