martes, 8 de junio de 2010

Recordando

Billy Joe en el aserradero con la motosierra se cortó un dedo…

Estaba escuchando música, cancioncillas de cuando era una niña y ha empezado a sonar “el pupitre de atrás”, y aunque es una canción genial, más que nada cuando tienes seis o siete años y te emociona la tentación de vagabundear, lo dicho, al empezar a sonar los acordes de esa canción me he acordado de esa otra, la del pobre Billy Joe que poco a poco fue perdiendo todos sus miembros y ya no podía hacer nada en el granero. Hay canciones que te gusten o no las recordarás siempre.

Los recuerdos son como algunos de nuestros sentidos, no vemos lo que no queremos ver, no oímos lo que no queremos oír. Pero ellos son diferentes, por que en ellos son los que deciden, no hay posibilidad de controlar la memoria.

Siempre me han dicho que mi memoria es excelente, no sé si eso realmente es bueno, mentira, lo sé, sé que no lo es.

Recuerdas cosas, miles de tonterías sin sentido, yo a día de hoy sigo recordando sintonías publicitarias de cuando era casi un bebé, también guardo un millón o dos de entrañables recuerdos, los primeros pasos de mi hermana, los maravillosos momentos con mis padres, los juegos de la adolescencia…

La mayoría de estos están ahí, aunque debes escarbar para encontrarlos, no puedes localizarlos así como así, hablando de recordar, en un libro que leí hablaban de ello, en el libro en sí, debía refugiarse en la memoria para escapar de un monstruo. Su mente era como un enorme archivo, lleno de miles de cajas y carpetas en el que están escondidas sus vivencias, sus sueños, sus pesadillas, es una enorme biblioteca donde reina el desorden, nada está donde debe estar, el caos domina los recuerdos, esa novela fue adaptada al cine, no me gustó la adaptación en general, pero esa parte, ese archivo polvoriento en el que nadie quiere entrar, por pereza o por miedo a lo que pueda encontrar, eso sí, eso sí era como lo imaginé al leer, eso sí es como imaginé los recuerdos, los míos propios, en mi biblioteca también existe ese caos.

Hay muchos recuerdos que vuelven de repente, cuando menos lo esperas, te golpean en la cara, aunque parece que vengan desde atrás, que te ataquen por la espalda, duele igual que un golpe dado por un cobarde. Sí, duele, sobretodo porque hay momentos de tu vida en las que crees que lo has olvidado, que has conseguido eliminar eso. Si consigues olvidar algo es como si jamás hubiera existido. Si no hablas de algo o de alguien no existe, eso también es de algún libro.

Durante años yo llegué a creer en esa teoría, creía que algo que me había ocurrido era solo una horrible pesadilla, era algo que no podía ser, y por eso mi imaginación me la había jugado, no, no fue un sueño, simplemente logré bloquear eso, no fue tan difícil, la inocencia de la infancia te permite ese tipo de licencias, a día de hoy no es así, cuando hoy pasa algo lo recuerdas, claro que lo recuerdas, ni tan siquiera te esfuerzas por intentarlo, sabes que está ahí y que antes o después volverá. Al crecer no se ocultan los miedos ni el dolor, no, los tapan los sentimientos, la vergüenza o incluso el deseo de venganza, se tapan, pero siguen ahí.

En mi caso fue más dolor lo que hizo que la caja de Pandora se abriese, el dolor de una de las personas que más quiero en el mundo giró la llave y el baúl se abrió, ya hace años de eso, ahora al escribirlo resurgen la impotencia y el asco que sentí aquellos días, el desprecio hacia el causante del dolor, y hacia mí misma por no haber hecho nada por evitarlo. Aún intento convencerme de que era inevitable, de que pasó lo que tenía que pasar, que pudo ser peor, que el daño habría sido mayor de haber intentado hacer algo.

No quiero seguir, la caja volvió a cerrarse, sé que tiene grietas, la tormenta duró años, no pudo salir intacta, pero dejémosla, que siga cerrada, no permitamos que arrastre a nadie más dentro, dejaremos la caja allí, en ese archivo desordenado, que coja polvo, pondremos las carpetas con los sueños encima, estos distraerán nuestra atención, igual conseguimos olvidarla, a lo mejor nunca vuelve a abrirse, no dejemos que salga nada, ojalá no haya que meter nada más dentro.

Hay miles de cosas que recordar, cosas que merecen estar, escribiendo esto estoy recordando algunas, incluso esos sueños que de niña me hacían temblar, hoy puedo recordarlos con una sonrisa. Esos si merecen palabras, otro día quizá.

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